Nace Huerta 4.0: invernaderos sostenibles en zonas frías

El Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Salamanca (IRNASA – CSIC), el Área de Producción Vegetal de la Universidad de Salamanca (USAL), la Fundación Cajamar, la Cooperativa Agrícola de Barbastro (SCLAB), UAGA – COAG Aragón, ASAJA Salamanca, el Centro de Desarrollo del Somontano, el Centro de Transferencia Agroalimentaria del Gobierno de Aragón, Desarrolla Consultores, OFISET y la Asociación Nordeste de Salamanca, como representante de la Agrupación, son los integrantes de este Grupo Operativo Supraautonómico que pretende fomentar la implantación de esta tipología de invernaderos, adaptándola a las condiciones climáticas existentes en el interior de nuestra península, donde coincide que se dan las áreas más afectadas por el despoblamiento rural.

 

El Grupo Operativo Huerta 4.0 era presentado este miércoles, 20 de junio, en Barbastro, en una jornada en la que se habló también de la rentabilidad de una buena planificación hortícola bajo plástico adaptada a las condiciones climáticas y focalizada en el consumidor de proximidad.

 

Esta Agrupación quiere ofrecer un modelo de negocio rentable en áreas despobladas que junto con una mejora de la comercialización de las producciones mediante la introducción de variedades tradicionales y la comercialización de proximidad, haga que la actividad agrícola genere una renta sostenible en el tiempo, fijando población y reactivando el flujo económico en el mundo rural.

 

Para obtener los resultados esperados, este proyecto a dos años planifica una serie de actuaciones teniendo como hilo conductor la implantación de dos invernaderos piloto en las provincias de Salamanca y Huesca.

 

El Grupo Operativo identifica la producción de cultivos forzados como un complemento y alternativa rentable y sostenible en el tiempo para el regadío extensivo peninsular ya que es más eficiente en la utilización de los recursos, las producciones pueden desestacionalizarse y tener unos rendimientos más homogéneos, y pueden diversificar el riesgo del productor y suponer una alternativa ante el monocultivo de maíz o las rotaciones clásicas de remolacha, patata, etc.

 

La producción en estos invernaderos responde a un nicho de mercado con una demanda en continuo crecimiento, donde el agricultor logra una mayor rentabilidad.

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